Homenajeades 2021 Teresa Ramos y Ángel Lattus: “El teatro nunca da, pero sabe cuándo entregar”

Homenajeades 2021 Teresa Ramos y Ángel Lattus: “El teatro nunca da, pero sabe cuándo entregar”

6 de Enero de 2021

El reconocimiento de Santiago a Mil 2021 a la trayectoria teatral recae en esta pareja de actores y directores, motores esenciales del desarrollo cultural de Antofagasta y el Norte Grande. Con 58 años dedicados por entero a las artes escénicas –desde sus inicios, al alero del mítico director Pedro de la Barra, hasta su actual labor conjunta a cargo del Festival Internacional de Teatro Zicosur–, el teatro nortino simplemente no puede concebirse sin sus nombres: Teresa Ramos y Ángel Lattus.

Por Vadim Vidal

Se conocieron en 1962 y se convirtieron en pareja 12 años después. Teresa Ramos estudiaba Biología y Química en el Colegio Regional Universitario cuando participó, junto a otros alumnos de su carrera y de Matemáticas, en la creación de un grupo teatral. La primera reunión fue el 20 de abril del año en que el mundial de fútbol tuvo escenario en Chile. Pero no sería hasta que el prolífico director Pedro de la Barra se unió como cabeza del proyecto, en mayo del mismo año, que el Teatro del Desierto, como bautizaron a la compañía, comenzaría a inscribir su nombre en la historia de las tablas locales.

Era el inicio de la epopeya teatral más importante del Norte Grande.

El 25 de agosto de 1962 realizaron su primer estreno: las obras Pacto de medianoche, de Isidora Aguirre, y El pastel y la tarta, farsa anónima del siglo XV. La recepción del público convenció a los directivos a profesionalizar al grupo; en marzo de 1963, se creó la sección teatral del Departamento de Extensión Cultural de la Universidad de Chile. En 1964 obtuvieron financiamiento permanente al alero de la casa de estudios, y llegaron a tener una planta de 28 actores contratados y tres estrenos anuales. Este polo cultural dotó a la ciudad no sólo de un elenco, sino que también forjó directores, técnicos y nutrió la dramaturgia del Norte Grande.

“Yo hacía un teatro muy intuitivo, con lo que me enseñó mi profesor Ismael Márquez Huerta en la escuela Normal de Copiapó”, recuerda Ángel Lattus, quien llegó a la compañía tras hacer un reemplazo en la obra La princesa Panchita, con un desempeño que le valió ser recomendado a Pedro de la Barra. “Desde chico he hecho teatro; en la casa y con los vecinos de la población donde vivíamos. Después, en la Escuela Normal de Copiapó, donde me titulé de profesor de educación rural primaria. En el campo hice teatro con mis alumnos, los apoderados y los que salían de la preparatoria. Desde allí estuve en Vallenar, en Copiapó y en Antofagasta el 62. Pero no tenía conocimientos”, narra el actor.

Así fue como el gran Pedro de la Barra llegó a convertirse en su mentor: “Él me cambió absolutamente la vida. Me enseñó a mirar de otra manera: a ver al hombre en su esencia, con sus defectos y virtudes. Me abrió el apetito a culturizarme en los saberes del ser humano, a leer más, a investigar y conocer a la gente y retratarla. Y sobre todo: amar el teatro por sobre todas las cosas”.

Teresa Ramos y Ángel Lattus


Teresa, a su vez, aprendió de De la Barra el sentido del rigor: “El teatro hay que hacerlo con mucha responsabilidad. Cada vez que enfrentábamos una obra debíamos pensar que estábamos montando el mejor teatro del mundo: ‘No nos pongamos antofagastinos’, nos decía, teníamos que pensar que la obra que ensayábamos era la mejor del mundo. Teníamos ese horizonte lejano que tratábamos de alcanzar”.

El año 68 Teresa Ramos viajó a perfeccionarse al extranjero. Primero, a París, a la academia de Jean-Laurent Cochet, donde se topó con la gran revuelta francesa y participó en ella actívamente; luego viajó a Inglaterra, donde formó parte de intervenciones públicas, para ir más tarde a Estados Unidos a estudiar dirección teatral en el Florida Technological University.

Pero, si bien compartían en la misma compañía, Ángel y Teresa no eran amigos cercanos. Sin embargo, eso no impidió que Ángel fuera el encargado de juntar el dinero para comprar el regalo de bodas de Teresa. No fue hasta 1973 que estrecharon lazos; el envión que faltaba lo logró la obra 25 años después, del brasiñero Marcos Vianna: la historia de un matrimonio viviendo los horrores de la dictadura que interpretaron ambos a meses del golpe de estado. Se juntarían al año siguiente.

El norte es el sur

No tienen la cuenta exacta de las obras en las que han participado. Teresa cuenta que hace un tiempo tuvo que hacer un currículum y enumeró 24 como directora, “pero, si llevamos 58 años en el teatro y en sus tiempos estrenábamos tres obras al año, deben ser más de 100”, aclara. De entre las favoritas destacan Nuestro pueblo, La reina del Tamarugal y Yerma, además de las basadas en obras de Hernán Rivera Letelier, como La reina Isabel cantaba rancheras o Los trenes se van al Purgatorio. Ángel destaca La pequeña historia de Chile, de Marco Antonio de la Parra, bajo la dirección de Teresa. Fue precisamente De la Parra quien catalogó los 27 años que Lattus estuvo a cargo del Teatro de la Universidad de Antofagasta (la continuidad de la agrupación fundada el 62, que dirigió desde 1978 a 2005), como la “era dorada” del teatro antofagastino.

Si Teresa estuvo en Europa y Norteamérica, Ángel no le ha ido en zaga y ha recorrido el Viejo Continente, Latinoamérica y Asia. “Nunca me imaginé que iba a conocer tantas partes. Yo, un niño pampino, salí recién a los 12 años a Copiapó, que no conocía, ni Taltal, ni Mejillones, ni Tocopilla. Nunca soñé que traspasaría la frontera y me iría a Argentina, y después más allá, me falta África no más. El premio que me da el teatro es el conocimiento del mundo, de mi entorno, de lo más cercano a lo más lejano, es algo impagable. Yo siempre le digo a los jóvenes, cuando converso con ellos, que al teatro hay que darle. El teatro nunca da, pero sabe cuándo entregar”, sentencia Lattus.

Desde 1999, producen el Festival Internacional de Teatro Zicosur (FITZA), que presenta obras tanto nacionales como de Perú, Bolivia, Brasil, Paraguay, Argentina y Uruguay. Un evento que congrega a gran cantidad de público, que se desarrolla en cuatro puntos de la ciudad. Aseguran que la función inaugural suele convocar hasta seis mil personas en el Parque Croacia. “Hay público en Antofagasta –asegura Teresa–; lo que falta son voluntades que pongan recursos para mantener la actividad. Es insuficiente el aporte para que el movimiento teatral se sostenga, y a su vez, afirme las demás actividades culturales de la ciudad”.

La edición 2021 de FITZA será totalmente virtual debido a la pandemia del Covid que se dejó caer con fuerza en la región. Y si bien Teresa admite que es muy distinto ver una obra sin el contacto presencial, ha logrado un grado de comunicación mayor con algunas obras de transmisión en línea.

Para Ángel, el formato llegó para quedarse: “Cuando salgamos de la pandemia yo creo que el teatro va a tener una reestructuración; vamos a tener que reencantar al público para que vaya a las salas de forma presencial. Porque la manera actual de ver obras casa es muy cómoda para la gente. Es un trabajo que hay que pensar, vamos a tener que reinventarnos para cautivar otra vez al público”.